Gramática Básica de Latín

1. La situación lingüística del Latín

Como introducción, valgan estas páginas de Pierre Monteil.

LA SITUACIÓN LINGÜÍSTICA DEL LATÍN 

El latín, lo mismo que el griego, pertenece a la familia de las lenguas “indoeuropeas”, un grupo de lenguas que tiene este nombre por la circunstancia geográfica de que todas eran habladas sobre un área  que se extendía desde la Península India al Atlántico. No todas estas lenguas nos son conocidas por documentos que remonten a la misma época y presentan entre sí diferencias; pero más allá de estas diferencias aparecen  rasgos comunes, que señalan entre ellas un parentesco genético. Todas parecen haber derivado de una lengua común.

La lengua común a partir de la cual alteraciones particularizantes han llevado a las lenguas indoeuropeas conocidas se denomina tradicionalmente “indoeuropeo”.

Del indoeuropeo no se tiene ningún documento escrito, y no hay información  arqueológica. Es una noción puramente lingüística, un nombre para designar una lengua concebida como la incógnita de una serie de ecuaciones lingüísticas. Entre lenguas como el latín, el griego, el sánscrito, se observan, como entre las lenguas románicas, series de correspondencias.

 Para los numerales, por ejemplo:

        tres, τρεις, tráyah;

        quattuor, τέτταρες,catvárah;

        quinque, πέντε, pánca;

        septem, ¢επτά, saptá; etc. …

 Para los nombres de parentesco:

        pater, πατήρ , pitár;

        genitor, γενέτωρ, janitr-;

        mäter, μήτηρ , mätár-; etc. …

 La distancia geográfica o cronológica excluye entre estas lengua el préstamo, lo concreto de las nociones expresadas excluye el azar, y solo subsiste como explicación razonable un origen común.

  Sin embargo, el simple  parecido  de una lengua a otra de palabras de un mismo sentido no basta para determinar que están emparentadas. La certeza nace de la correspondencia, que consiste en establecer que a un determinado  elemento de una lengua a) le corresponde siempre (salvo excepciones explicables) otro  elemento fijo, no siempre parecido, de una lengua b). La gramática comparada descubre y codifica estas correspondencias, y reconstruye, a partir de ellas,  un arquetipo, la forma de la palabra (el nombre, el adjetivo, el verbo …) en  indoeuropeo (i).

Las lenguas indoeuropeas mantienen, pues, con el indoeuropeo una relación parecida a la que las lenguas románicas (que derivan, como consecuencia de alteraciones particularizantes, del latín tardío) mantendrían con el latín, si, por algún motivo, no hubiera quedado del latín ningún testimonio escrito: las correspondencias entre ellas permitirían descubrir un origen común y reconstruir los rasgos generales de esa lengua originaria.

 

A pesar de la falta de datos arqueológicos y antropológicos, la misma lingüística, examinando las correspondencias léxicas, y lo que pudo ser su vocabulario permite conocer un poco el medio concreto en que se habló en indoeuropeo.

Los nombres de los árboles meridionales no permiten reconstruir arquetipos. En cambio, los nombres de árboles y animales septentrionales, como el haya (lat. fägus = gr. φηγος), el lince, el oso,  sí presentan de una lengua a otra las correspondencias normales, que muestran que derivan cada uno de una denominación indoeuropea común. Se concluye, por tanto, que los usuarios del indoeuropeo eran pueblos nórdicos, que vivían en las llanuras septentrionales de Europa o de Asía occidental.

 En cuanto al tiempo, como la lengua indoeuropea histórica más antiguamente atestiguada se sitúa hacia mediados del II milenio a. C. (-1500), se calcula, dejando un período de tiempo  de entre 500 y l000 años para que se produjeran las migraciones desde el norte, y la evolución lingüística, que los pueblos indoeuropeos conocieron la unidad en torno al el III milenio (3000-2000).

 Las denominaciones comunes del carnero, el buey, el caballo, el cerdo, y el bronce (pero no el hierro) permiten deducir que los indoeuropeos conocían la cría de ganado y la metalurgia.

 En cuanto a la organización social, la unidad superior es la tribu(ii); una unidad inferior, es  la de la casa (*domo-) y todos los que viven en ella, con un jefe, (latin domi-nu-s, scr. dámu-na-h). La familia, o el “clan” sería una unidad intermedia, fundada sobre la comunidad de sangre,y tiene también un nombre indoeuropeo común (lat. genus, gr. γένος, scr. jánah, etc. …), igual que los individuos que la componen, designados por una serie muy coherente de “nombres de parentesco”(iii). Por encima de la tribu no aparece el nombre de ninguna unidad superior, ni organización estatal(iv). Parece que los pueblos indoeuropeos conocidos no conocieron ninguna forma de centralización y en su forma de vida estaba muy arraigado el viaje, que seguramente hay que poner en relación con las necesidades de la vida de los pastores y la práctica de la trashumancia(v).

Esta diaspora es seguramente el factor que más influyó en el desmembramiento del indoeuropeo en dialectos, que luego se convertirían  en lenguas autónomas. Pero también hay que contar con que  que una población desprovista de organización centralizadora, repartida en tribus y clanes, es probable que no haya  accedido nunca a una unidad lingüística estable, y fuese propensa a la formación de variantes lingüísticas.

Las principales lenguas indoeuropeas, en el órden cronológico en que se sitúan los documentos más antiguos que permiten conocerlas son las siguientes:

1.     El hitita, utilizado a mediados del segundo milenio a.C. sobre la llanura anatolia (Turquía), descifrado en 1916.

2.     El griego antiguo que se conoce a partir de aproximadamente el 1400 a.C. por los documentos “micénicos”, escritos en grafía silábica (el tipo llamado Linear B, o LB), descifrados en 1953 por  Michaël Ventris (+ 1956). (Hasta esa fecha, los documentos en griego más antiguos eran las obras atribuídas a Homero)

3.     Las lenguas indias : el sánscrito védico, lengua religiosa ( cuyos textos más arcaicos datan en en torno al año 1000 a. C.), el sánscrito clásico, algo más tardío,  una lengua literaria, utilizada para la filosofía y la ciencia, y  los prácritos, lenguas vulgares, de las que probablemente derivan las lenguas indias actuales, cuyos primeros documentos conservados remontan a en torno el siglo III a.C.

4.     Las lenguas iranias, muy relacionadas con las lengua indias, conocidas a partir del 1er milenio a. C.

5.     Las lenguas itálicas (osco, umbro, latín, falisco, etc. …) también atestiguadas en el 1er milenio a. C.

6.     Las lenguas célticas, el galo, o céltico continental, conocido por unas pocas inscripciones del Norte de Italia y de la Galia (sobre todo Narbonense) y el  el céltico insular de una de cuyas ramas deriva el gaelico.

7.     Las lenguas germánicas, conocidas a partir de siglo II d.C. por las inscripciones escandinavas; gótico o germánico oriental (desaparecido), germánico septentrional, cuya desmembración ha producido las lengua escandinavas (islandés, danés, noruego, sueco); y un germánico occidental o westico, subdividido en alto-alemán (ancestro de diversos dialectos, y, entre ello, el que había de convertirse en alemán moderno); bajo-alemán (con el que se relacionan el neerlandés y el flamenco), algunos de cuyos dialectos están en la base del inglés antiguo, llevado a Gran Bretaña y desarrollado sobre el terreno.  

8.     El tocario, conocido en el siglo VII,  utilizado en el Turquestán chino, [y que comporta dos variantes: el “tocario A”, y el “Tocario B].

9.     El armenio, conocido en silgo IX.

10.  el eslavo, tambien del siglo IX,  con el que se que relacionan, entre otros el búlgaro,  el checo, el polaco y el rus

El latín  es conocido a partir del 1er milenio a.C.; pero no hay sobre él documentos abundantes más que a partir del 240 a.C(vi).

Desde ese tiempo, ha sido usado como lengua escrita hasta época reciente, en usos literarios, jurídicos, diplomáticos o litúrgicos. Como lengua hablada, es difícil fijar la fecha en que dejó de usarse, porque el paso del latín, incluso alterado, a una lengua románica, ha sido siempre gradual: la conversión de los particularismos locales en nuevas lenguas sin que nunca una generación tuviese el sentimiento de hablar una lengua distinta de la generación anterior.

Respecto a la geografía, el latín, ocupó parte de Europa y de África, pero al comienzo es solo el idioma de una pequeña comunidad de origen indoeuropeo, que vino a establecerse (¿A  principios del Ier milenio a.C.?) en un pequeña región  de Italia central, el Latium. En Italia convive con otras lenguas, y  no está en una situación de privilegio. En la península itálica  había lenguas no indoeuropeas, como el etrusco, probablemente importado del Oriente egeo o asiático; lenguas indoeuropeas, pero que no pertenecían al grupo itálico: como el Galo, al Norte; el mesapio, un dialecto ilirio que había franqueado el Adriático, y que aparece en inscripciones econtradas en Apulia;y sobre todo el griego, importado a Italia meridional y Sicilia;y, por último, una serie de lenguas más estrechamente emparentadas, que constituían el “grupo itálico”, de origen indoeuropeo:

        el osco de Campania,

         el  umbro;

        varios dialectos “centrales” (marrucino, vestino, marso, pelignio …);

        el latín;

        el falisco, a veces considerado como forma dialectal del latín, pero que es, de hecho, una lengua autónoma;

        el véneto, hablado al Norte en los valles de los Alpes, hace poco considerado como dialecto Ilirio, pero identificado como lengua itálica emparentada con el latín después de los trabajos de M. Lejeune.

  Esta situación no permitía  prever la extensión  del latín, que no sobresalía ni por el número de hablantes, ni el prestigio asociado a una lengua de civilización. La historia de Roma y, sobre todo, la progresiva  conquista por Roma de toda Italia convirtieron  al  latín en la lengua del poder político que se impuso en la administración,  el derecho, el comercio y,  por último, también en la cultura, y redujo a las demas lenguas al estado de idiomas locales .

En lo que se refiere al parentesco lingüístico, el latín se clasifica entre las lenguas indoeuropeas occidentales:

  •       conserva intacta la oclusiva k (centum), en lugar de palatizarla como hacen las lenguas orientales llamadas çatám, por el nombre que adopta en scr. el  número “cien”);

Sin embargo, y a pesar de esta pertenencia occidental, presenta ciertas peculiaridades de detalle, que no se reencuentran más que en lenguas orientales, el hitita y el sánscrito (vii). Dentro de las lenguas occidentales, presenta una serie de rasgos comunes con el osco – umbro y el céltico (viii), y otros exclusivamente en común con las lenguas itálicas (xi).

La teoría más aceptada establece, por tanto:

a)     que existió una comunidad itálica que utilizaba como idioma un “itálico común”, del que proceden las lenguas itálicas.

b)     que los rasgos que caracterizan al latín frente a las  demás lenguas itálicas (infinitivo en –se; futuro en –bö; generalización en perfectum de la característica –w-) han debido generalizarse con posterioridad a la fragmentación de esta comunidad itálica, mientras que los rasgos por los que se aproxima a ella forman, en cambio, parte de esta herencia común.

c)      La comunidad itálica procede, a su vez, del fraccionamiento de una comunidad lingüística más antigua, la comunidad italo-céltica.

 Luego es ya imposible determinar con precisión un nuevo estadio, intermedio entre el italo-céltico y el indoeuropeo(x). 

2. EL SISTEMA FONOLÖGICO LATINO.

2.1. LOS FONEMAS CONSONÁNTICOS.

El sistema consonantico del latín clásico presenta los siguientes elementos :

  •       3 oclusivas sonoras :  / b /, / d /, / g /,    que no aparecen nunca a final de palabra.

(En la escritura la letra, el grafema G representa siempre el fonema oclusivo y sonoro / g /: gaudium, gerere, gigno). 

  •       3 oclusivas sordas :   / p /, / t /, / k / , de las que solo –t es frecuente en posición final.

(La letra c responde siempre al fonema / k / : Caesar, cedere, cinis, Cicero …)

  •       2 labiovelares:       / g(w) / , que solo aparece tras –n en interior de palabra: anguis, sanguis …

                                                     / k(w) /  , al que corresponde el dígrafo qu-

  •       2 fricativas           / s / , que no aparece en posición intervocálica, donde evoluciona a –r

                                                  / f / , que solo aparece en posición inicial de palabra.

  •       2 semivocales   / y / , escrita [i] : iacio, iam, iuventus …

                                               / w / , escrito [u]: uetus, uincere, uadere …

2. 2. LOS FONEMAS VOCÁLICOS

10 vocales : ä, â, ë, ê, ï, î, ö, ô, ü, û.

Las vocales breves son más inestables y susceptibles de cambiar por evolución fonética.

3 de las evoluciones más frecuentes que afectan a las vocales breves son :

  •       î en sílaba final abierta o desaparece, o reforzar su articulación pasando a –ê.
  •       ô en sílaba  final cerrada pasa a û, y, entre –r y –s, desaparece.
  •      Todas las vocales breves, al pasar sílaba inicial o sílaba final a sílaba interior de palabra (al añadirse un prefijo, o una desinencia) , sufren cambios, que dependen del timbre de la consonante siguiente (normalmente pasan a –î y, ante –r a –ê) (apofonía).

3. EL ACENTO

El lugar del acento es mecanicamente regulado por el ritmo y la estructura silábica de la palabra: el acento afecta en latín

         a la penúltima sílaba si es larga (sea por comportar una vocal larga, o sea por terminar en consonante);

        a la antepenúltima, si la sílaba penúltima es breve.

Las únicas excepciones de esta regla son:

        los monosílabos tónicos, en los que el acento no puede afectar más que a la única sílaba existente;

        y los disílabos que, no presentando antepenúltima, llevan siempre y necesariamente el acento en la penúltima, cualquiera que sea su cantidad.

[Este uso recientemente introducido por el latín no tiene por efecto volver fijo el acento: las series rátîö / ratiö´nis; dómînos / dominö´rum dejan aparecer en el curso de la flexión, desplazamientos de acento. Pero no se trata ya ahí de alternancias activas, dotadas de un poder distintivo : son cambios pasivos, condicionados por la forma de la palabra, y que no la condicionan en absoluto.

………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………..
Notas.-

(i) [Así, entre el latín fëci y el gr. ’έθηκα, el latin  con-di-tus y el gr.  σύν-θε-τος parecen muy diferentes, Pero su relacion se hace evidente si partimos de una forma indoeuropea *dhe-, y podemos postular (por otra serie de correspondencias) que el fonema i.e. dh, en griego aparece  siempre representado por θ, y en latín aboca a f o a d según que sea inicial o interior; y que una vocal breve en sílaba interior abierta aboca en latín normalmente a î ante oclusiva dental].

(ii) [(llamada touta en las lenguas occidentales, wik- en los dialectos orientales; los nombres tri-bu-s del latín, φυλή del griego, pueden representar innovaciones paralelas)]

(iii) Los nombres del padre (*pH2ter-: lat. pater, gr. πατήρ, scr. pitár-, etc. …); de la madre (*meH2ter: lat. mäter, gr. μάτηρ, scr. mátar-, etc. …); del hijo (*swH-un, o bien, swH-yu: scr. sünúh, gr. cretense ?ιυς, etc. …); de la hija (*dhugH2ter: scr. duhi-tar-, gr. θυγάτηρ, etc. …); del hermano (*bhreH2ter-: lat. fräter, scr. bhrätar-, etc. …); de la hermana (*swe-sor : lat. soror, scr. svásär-, etc. …) son indoeuropeos comunes. El nombre griego del hermano y de la hermana (άδελφός, -ή, “nacido del mismo seno”); el nombre latino del hijo y de la hija (fïlius, -a, “criatura que se nutre”) resultan innovaciones diversamente motivadas al nível de estas lenguas. Para la cuñada, el indoeuropeo disponía de dos denominaciones, según que fuese la hermana del marido (lat. glös, gr. ?αλόως, eslavo comun *zûlûua), o la esposa del hermano (lat. ianitrïc-ës, gr. ‘εινατέρ-ες); de la misma manera, el nombre *daywer- conservado en scr. deuar, gr. homérico δαήρ, lat. lëuir, antiguo laeuir (con l dialectal), designaba no al cuñado en general, sino al hermano del marido: Los nombres del marido, de la hermana, y del hermano de la esposa, debían también tener denominaciones específicas.  

(iv) Sobre todas estas cuestiones ver E. Benveniste, Le vocabulaire des institutions indo-européennes, Paris, 1969.

(v) El reparto en πόλεις de las poblaciones griegas parece continuar el reparto indoeuropeo en tribus y clanes. Según A. Meillet ( El método comparativo …, p. 19 ), “desde el momento en que un jefe se siente capaz de agrupar en torno a él hombres emprendedores, parte para cualquier región donde pueda encontrar el medio de llevar una vida propia y autónoma”. Parece así que la diaspora ilustrada en época histórica por la colonización griega tiene su origen en una propensión indoeuropea a la migración

(vi) Antes de esta fecha  no hay en latín más que unas pocan inscripciones:

      La inscripción de la Fibula de Preneste[6], que puede remontar a los alrededores del 600, y presenta arcaísmos quizás mezclados con dialectalismos;

    la inscripción de la Piedra Negra del Foro, la más antigua de las inscripciones romanas, que puede remontar a la 1ª mitad del siglo V, y cuyo texto, con muchas lagunas, es, por ello, de interpretación difícil;

    y, por último, la inscripción grabada sobre el vaso impropiamente llamado “de Duenos”, que parece    remontar al siglo IV; y cuyo texto, aunque legible y completo, es, aún así, de una extrema dificultad.  

  (vii)

  •       la 3ª pers. del pl. del perfecto activo en –ëre, arcaísmo utilizado por los poetas por comodidad métrica, no tiene equivalente más que en hitita (-ir) y tocario (toc. A : -är; toc. B : -äre).
  •       la caracterización del perfecto por medio de una consonante –w- (amä-v-ï), cualquiera que sea la naturaleza de la explicación que se le dé, no se encuentra más que en sánscrito (jajñaú = gnövi), toc. A (prakwä, “yo recé”), e hitita (si –un se analiza como –w- + n).
  •       El elemento –is- que aparece en perfecto, precisamente ante morfemas que comienzan por dental (-is-tï, is-se), aparece en las misma condiciones en hitita, y se reencuentra quizás también en védico (tärista, “habeis atravesado”).
  •       el nombre del camino iter / itinis, que pertenece en latín a la vieja flexión heteróclita, tiene un correspondiente exacto en hitita (itar / innas).
  •       y, por último, toda una serie de palabras latinas que expresan nociones fundamentales, cuenta con correspondientes exactos en las lenguas orientales. Así, solo con el sánscrito se encuentran las correspondencias bibit / pibati; vïvus / jïváh; rex / raj-; dominus / damunah, etc. …

(viii)

  •       aparición de una consonante –r en las desinencias medio-pasivas;
  •       utilización, en las formas del subjuntivo, de un morfema –ä-;
  •       utilización, para formar el genitivo singular de la flexión nominal temática, de una desinencia –ï.
  •       caracterización por una misma desinencia –bho (lat. –bu-s) de cuatro casos del plural nominal (dativo, ablativo, instrumental, locativo);
  • numerosos rasgos de vocabulario.

(xi)

  •       transformación en espirantes sordas de las sonoras aspiradas indoeuropeas;
  •       debilidad de las consonantes finales;
  •       tendencia a la abreviación de las emisiones vocálicas;
  •       sincretismo, en la flexión nominal, entre ablativo, instrumental, y locativo;
  •       introducción  – como en griego, pero independientemente- de la desinencia pronominal *-som en el genitivo plural de la flexión nominal en –ä;
  •       flexión verbal con dos temas, infectum y perfectum;
  •       creación de un imperfecto en –bhä (lat. ama-ba-nt, os. fu-fa-ns);
  •       gran número, por último, de correspondencias léxicas (lat. cëna = os. kersnu; lat. manus = umbr. ac. pl. manf; lat. medicus = os. mediss; lat. probë = os. prufe; etc. …).        

(x)

Este esquema de Meillet no ha sido enteramente aceptado, y ha habido sabios, especialmente italianos, que han intentado oponerle otras explicaciones. Así  G. Devoto (Italogreco e italoceltico, en Silloge Ascoli, 1929; Gli antichi italici, 1931; Storia della lingua di Roma, 1940), haciendo intervenir datos de la arqueología prehistórica que proporcionan materia a la discusión, y, en cualquier caso, poco adecuados para resolver un problema lingüístico, ha creído poder negar toda unidad itálica, y, de paso, italo-céltica. G. Bonfante (Dialetti indoeuropei, 1931) y V. Pisani (Studi sulla preistoria delle lingue indoeuropee, 1933) han apelado de manera sistemática y extrema a la “teoría de las ondas” y, negando toda unidad intermedia entre indoeuropeo y latín, proponen una visión de los hechos que vuelve caduco en principio todo esfuerzo estratigráfico. Con M. Lejeune, que ha presentado la crítica de estas concepciones, (La position du latin sur le domaine indo-européen, Memorial des Études Latines, 1944, p. 7-31), seguiremos, por nuestra parte, fieles a la enseñanza de Meillet; lo que no excluye en absoluto la búsqueda de mejoras de su doctrina. Especialmente, más que proponer una “nación” itálica unitaria, que antes de frag,mentarse habría hablado una lengua unitaria común, se puede pensar en poblaciones ya distintas, pero que vivían en estrecha vecindad, y que hablaban lenguas muy próximas, que habrían vuelto más parecidas todavía las influencias recíprocas. Estas interaaciones han podido producirse en el curso de migraciones a Italia, o sobre el territorio itálico mismo. La unidad “italo-céltica” ha podido consistir, en un nível anterior, en una simbiosis de poblaciones todas semejantes. Esta interpretación viene a conservar lo esencial de las posiciones de Meillet, prestando simplemente al término de “unidad” una acepción un poco más laxa.

 

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